Este blog estaba pensado para compartir un poco de mí y de
mis experiencias con mis hijos, pero hoy he decidido hacer una excepción a
esto.
La vida da muchas vueltas y une nuestros caminos con quienes
menos esperaríamos y de las maneras más extrañas. Hace 34 años, la vida hizo
que mi camino se cruzara con la mujer que hoy sería mi esposa. Hace 34 años
encontré la familia que no había tenido y tres años después habría recibido la
bendición más grande que alguien puede tener: mi primer hijo.
No fue fácil. Ella y yo tuvimos que pasar muchas pruebas
juntos, pero hasta hoy y quizás hasta el fin de mis días estaré a su lado. No
solo me ha dado la dicha de tener dos hijos grandiosos, sino que también me dio
la oportunidad de pertenecer a una familia.
Al inicio de nuestra relación, don Gildardo (el papá de mi
esposa) fue un gran pilar en el que pudimos apoyarnos. Siempre estuvo a nuestro
lado sin darnos la espalda, incluso cuando las cosas no sucedieron como él
hubiera deseado. Luz Aurora también fue y ha sido pilar de nuestra relación.
Con mi suegra las cosas no fueron fáciles, pero yo la entiendo. Como padres,
siempre tenemos grandes expectativas y deseamos que las cosas sucedan como
creemos que es lo mejor para nosotros, pero no siempre las cosas resultan así.
También estuvo Javier, aunque al principio también resultó
difícil, sobre todo para mi esposa, contar con la aceptación por parte de él.
Poco a poco nos fuimos acercando a todos, pero la vida tendría otros caminos
por recorrer para todos nosotros: un camino sinuoso lleno de retos. Don
Gildardo sufrió un derrame cerebral que, al cabo de dos largos años, lo
llevaría a la inevitable muerte.
Don Gildardo murió rodeado de su esposa, Doña Cuca, y de sus
hijos: Javier, Luz Aurora y Miriam, mi esposa.
En ese momento, el acercamiento con mi suegra se había dado,
las heridas se estaban aliviando. Ya éramos todos una familia.
Convivir con un enfermo te hace pensar que quizás la muerte
puede ser lo mejor. Ver el sufrimiento de esas personas que queremos nos rompe
el corazón todos los días. Sin embargo, no pensamos en nuestra propia muerte.
No pensamos en que la muerte está rondando y que puede llegar en el momento
menos pensado.
Pasaron los años y muchos familiares partieron. Por algunas
circunstancias fuera de nuestras manos, mi hijo mayor cuidó de mi suegra
mientras estaba en la universidad, pero al momento de tener que hacer su
servicio social tuvo que partir y en ese momento mi cuñado se hizo cargo de
ella.
Mi suegra ha sido bendecida con una vida saludable y larga.
Pasó por una cirugía en la cual le retiraron su vesícula, pero se recuperó muy
bien. Nos dio un susto, pero no pasó de ser solo un susto. Los doctores estaban
sorprendidos de su recuperación.
Así pasaron los años, y cumplió 103 años. Cada año nos
reunimos en la casa de Luz, lo celebramos con una carne asada. Como cada año,
todos juntos, aunque en esta ocasión solo faltó Miguel, que está realizando su
posgrado en Cancún. Cada vez que tiene vacaciones, Miguel viene a Guadalajara.
La última ocasión fue en diciembre, pasó la Navidad y el Año Nuevo.
Javier tenía su propio método para cuidar a mi suegra.
Aunque todos criticábamos que la dejara sola por largos lapsos de tiempo, a él
parecía no importarle. Creo que simplemente él pensaba que todo estaría bien.
Para el mes de julio, Miguel tenía que rotar en la ciudad de
Guadalajara, motivo que nos puso muy felices a todos en casa. Llegó un viernes
por la tarde. Afortunadamente, no llovió. Miriam tenía muchos planes para su
estancia. Generalmente, siempre trata de programar comidas que le gustan a
Miguel, y esta ocasión no fue la excepción. Los sábados tengo clases, por lo
que por la mañana no estuve con él, pero por la tarde fuimos por unas nieves de
garrafa a San Antonio. Y así llegó el domingo, todo parecía estar bien. Por la
tarde, el clima estaba nublado y llovió un poco. Cerca de las 6 de la tarde,
recibimos una llamada de Luz mencionando que Javier no contestaba el teléfono y
que tenía rato esperándolo afuera de la casa. Le mencioné a Miriam que le
dijera que se pasara, ya que podría pasarle algo a su mamá. Pero en ese momento
arreció la lluvia. Después, recibimos una llamada de Luz mencionando que al
parecer Javier estaba muerto. Salimos rápidamente. En ese momento, Miguel no
estaba ya que había salido con una compañera de la universidad que también es
doctora y que estaba rotando en el Hospital Civil de Guadalajara. Tuvimos que
pedir un Uber ya que él se había llevado el auto. Llegamos en aproximadamente
10 minutos, y en efecto, Javier ya tenía tiempo de haber muerto, ya que
presentaba rigor mortis. En la casa también estaba Pancho, primo hermano y
también doctor.
Luz no podía entender cómo Javier pudo haber muerto. En ese
momento, lo que nos apuraba era mi suegra, ya que no sabíamos cómo se
encontraba. Asumimos que Javier murió en la madrugada del domingo, por lo que
mi suegra no había comido. Se decidió sacarla de la casa y llevarla a casa de
Luz Aurora. Miriam se quedaría con ella, y Luz regresaría para entonces
proceder a decidir qué hacer. Para ese entonces, Miguel también estaba allí. El
problema era cómo tramitar el certificado de defunción de Javier y ver cómo se
iba a disponer de su cuerpo.
Además de todo esto, también tuvimos que llamar a sus hijos
y a uno de sus nietos. Contactamos a Javier, Martha, Laura y a su nieto
Sebastián. Comunicar la muerte de alguien no es nada fácil. La última vez que
lo había hecho fue cuando murió mi papá. Sebastián llamó preguntando qué había
pasado y mencionando que se iba a venir desde Ciudad Guzmán. Poco después, tomé
la llamada de Martha. Ella me pedía que no moviéramos a su papá, pero por el
tiempo que tenía de haber fallecido, le mencioné que no iba a ser posible,
además de que llegar desde Querétaro a Guadalajara les iba a tomar al menos 6
horas.
Nos comunicamos con el Dr. Ricardo para ver si él podía
expedir el certificado de defunción, pero estaba en el aeropuerto. La compañera
de Miguel le mencionó que en la funeraria nos podrían apoyar con ese trámite.
Miriam contactó al médico y este mandó a un médico para levantar el acta de
defunción. Mientras tanto, yo llamé a la funeraria para iniciar el trámite y
acelerar todo.
El médico llegó alrededor de las 2:30 de la mañana, y la
funeraria llegó por el cuerpo de Javier cerca de las 3:30 de la mañana. Por el
tiempo transcurrido desde la muerte de Javier, les fue difícil acomodar su
cuerpo. Cuando estaban por sacar el cuerpo de Javier, se acercaron varias
vecinas a preguntar qué había sucedido y, al mismo tiempo, a dar el pésame a
Luz Aurora.
El único hijo que estuvo allí fue Javier Jr. (Javi). Una vez
que la funeraria partió, Luz Aurora y yo nos dirigimos a la funeraria para
completar los trámites para las exequias de Javier. Esto fue cerca de las 4 de
la mañana. Nos mostraron la capilla y las condiciones de cómo se iba a realizar
todo al día siguiente. Salimos y nos dirigimos a descansar. Luz Aurora se fue
al Palomar y yo a casa. Eran casi las 4:30 de la mañana.
Llegué a casa, preparé mi ropa y me bañé lo más rápido
posible para salir temprano por Luz Aurora y dirigirnos a la funeraria.
Teníamos que estar a las 9 de la mañana para recibir la capilla.
Salí poco después de las 7 de la mañana para poder estar con
Luz lo más temprano posible y salir a la funeraria para recibir la capilla. Y
sin embargo, llegar a la capilla nos tomó más tiempo del que consideramos. Ya
en el camino nos hablaron para avisarnos que ya Martha, su hija, estaba allí y
quería pasar a la capilla, a lo que Luz Aurora accedió. Llegamos a la funeraria
a las 10 de la mañana. Pasamos a la capilla y vimos a Javier para luego
realizar los trámites del cementerio. Las oficinas donde debíamos ir estaban
cruzando la avenida.
Al estar en la oficina para terminar los trámites, le
comentan a Luz Aurora que el documento que necesitaba era el original y no
copia, a lo que Luz Aurora comentó que era el que le habían proporcionado y que
no tenía otro. Nos comentaron que sin el documento original no podían realizar
los trámites en el cementerio, que iban desde abrir la fosa, traslado al
cementerio y misa. Nos dijeron que deberíamos levantar un acta en la
procuraduría para poder realizar este trámite. Y para que este trámite se realizara
a tiempo, debíamos llevar copia del acta antes de las 2 de la tarde. Esta
oficina está en la calle 14 de la zona industrial de Guadalajara, por lo que
decidimos salir inmediatamente.
Ya en la procuraduría, el trámite fue sencillo, le tomaron
declaración a Luz Aurora, nos entregaron copia del acta y salimos
inmediatamente a la funeraria. Llegamos a las oficinas a la 1:45 de la tarde y
se dio trámite a todo lo relacionado con la apertura de fosa y traslado de
Javier al cementerio. Se decidió realizar el sepelio al día siguiente, misa a
las 11 de la mañana y entierro a las 12:00 pm.
Afrontar la pérdida de un miembro de la familia no es fácil
y como se dieron las cosas con Javier fue mucho más difícil, para todos. En la
capilla ardiente estaban los hijos de Javier, Martha, Laura y Javier, pero más
parecía una reunión de amigos y conocidos que un funeral. Los familiares de mi
esposa estaban consternados con la muerte de Javier. A la hora de comer, Luz
Aurora decidió salir y buscar dónde comer, aunque los hijos de Javier nos
preguntaron si queríamos algo de comer.
La actitud de estos muchachos dejó mucho que desear. Alicia,
prima y madrina de mi esposa, nos invitó a rezar un rosario, a lo que Martha
comentó que rezara uno chiquito. ¿En qué cabeza cabe rezar un rosario chiquito?
Distraídos, con la atención en otras cosas menos en lo que estaba sucediendo.
Más tarde llegó más familia, muchos llegaron de Etzatlán y
también familiares que viven en Guadalajara. Las hijas de Laura jugando, ahora
comprendo por qué mencionan que no hay que llevar niños pequeños a funerales.
Más tarde llegó mi hijo Emmanuel, se quedó un rato con Luz
Aurora, después salimos porque tenía que pasar por Miguel a CUCS y llevarlos a
la casa. Llovió cuando ya íbamos por Miguel, pero logramos llegar por él. Ya en
la casa, fueron por unos tacos y cenamos rápido, tenía que regresar a la
funeraria para que Luz pudiera dormir.
Ya en la funeraria, ya había pocas personas. Básicamente,
solo llegué y me llevé a Luz a su casa en el Palomar.
Ya en la mañana, el cortejo salía a las 11 de la mañana para
celebrar misa de cuerpo presente. Llegamos al cementerio, pagamos la misa y
despedimos a Javier. A las 12:30 ya todo había terminado. La Muerte llegó sin
ser invitada.
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